Reto Pediatría
Cambio climático y su impacto en Pediatría.

Ya no podemos considerar el cambio climático como un tema lejano o ajeno a nuestra práctica. Sus efectos se expresan todos los días en la salud infantil: olas de calor, mala calidad del aire, humo de incendios, aumento de enfermedades respiratorias, infecciones transmitidas por vectores, inseguridad alimentaria, deshidratación, desplazamiento y afectación de la salud mental.

Los niños son especialmente vulnerables. Respiran más aire por kilogramo de peso, tienen sistemas inmunológicos y termorreguladores en desarrollo, dependen de adultos para protegerse y tienen menos capacidad para modificar su entorno. Además, cargarán durante más tiempo con las consecuencias de un planeta deteriorado. Por eso, hablar de cambio climático en pediatría no es una postura ideológica: es reconocer un determinante directo de salud.

En la consulta, ya vemos sus manifestaciones. El niño con asma que empeora durante contingencias ambientales. El lactante que se deshidrata con mayor facilidad durante días de calor extremo. El escolar con exacerbación de rinitis, conjuntivitis o dermatitis por contaminación. El adolescente que vive ansiedad ante desastres naturales o inseguridad ambiental. Todo esto forma parte de nuestra práctica clínica.

Debemos ampliar nuestra historia clínica. Además de preguntar por fiebre, tos o alimentación, debemos interesarnos por exposición a humo, ventilación de la vivienda, acceso a agua, calor extremo, contaminación ambiental, presencia de vectores y condiciones de hacinamiento. La salud ambiental debe integrarse a la valoración pediátrica, especialmente en pacientes con enfermedades respiratorias, crónicas o vulnerabilidad social.

También tenemos un papel educativo. Podemos orientar a las familias sobre hidratación, protección solar, signos de golpe de calor, actividad física segura al aire libre, calidad del aire y planes de acción para niños con asma. No podemos resolver el cambio climático desde el consultorio, pero sí podemos reducir riesgos concretos en nuestros pacientes.

Cuidar la infancia también significa defender entornos saludables. La salud infantil es uno de los indicadores más sensibles del deterioro ambiental, y nuestra voz debe estar presente en esta conversación.

Aplicación en la práctica clínica: 

  • Preguntar por exposición a contaminación, humo, calor extremo y condiciones de vivienda.
  • Ajustar recomendaciones de actividad física según temperatura y calidad del aire.
  • Podemos dar planes de acción para pacientes con asma durante contingencias ambientales.
  • Identificar niños con mayor vulnerabilidad social o enfermedad crónica.
  • Es necesario integrar la salud ambiental dentro de la prevención pediátrica.

Bibliografía: 

  • American Academy of Pediatrics. Climate Change and Children’s Health: Building a Healthy Future for Every Child. Pediatrics. 2024;153(3):e2023065504.
  • American Academy of Pediatrics. Global Climate Change and Children’s Health: AAP Recommendations. AAP; 2025.
  • UNICEF. The climate crisis is a child rights crisis: Introducing the Children’s Climate Risk Index. UNICEF; 2021.

El niño con enfermedad crónica

Hemos sido testigos de cómo muchos niños con enfermedades antes devastadoras hoy sobreviven, crecen y llegan a la adolescencia. Cardiopatías congénitas, enfermedad inflamatoria intestinal, lupus, diabetes, epilepsia, hepatopatía crónica, enfermedad renal, inmunodeficiencias y cáncer forman parte de una nueva realidad pediátrica: niños que no solo necesitan vivir más, sino vivir mejor.

El seguimiento de un niño con enfermedad crónica no puede limitarse a estudios de laboratorio, medicamentos y citas médicas. Debemos preguntarnos cómo está viviendo ese niño su enfermedad. ¿Va a la escuela? ¿Puede jugar? ¿Entiende su diagnóstico? ¿Tiene miedo? ¿Se siente diferente? ¿Toma sus medicamentos? ¿La familia puede sostener el tratamiento? Estas preguntas también son parte de su atención médica.

La enfermedad crónica transforma a toda la familia. Los padres pueden vivir agotamiento, culpa, miedo constante y carga económica. Los hermanos pueden sentirse desplazados. El niño puede crecer con una identidad centrada en la enfermedad. En la adolescencia, la necesidad de independencia puede chocar con tratamientos estrictos y controles frecuentes, lo que aumenta el riesgo de mala adherencia.

Debemos evitar juzgar de inmediato la falta de apego. La no adherencia puede ser cansancio, negación, depresión, falta de comprensión, barreras económicas o deseo de sentirse “normal”. Nuestro trabajo es identificar la causa y acompañar soluciones, no solo repetir indicaciones.

Otro aspecto esencial es la transición a medicina de adultos. No debe ocurrir de forma abrupta a los 18 años. Debemos preparar al paciente desde antes: educarlo sobre su enfermedad, sus medicamentos, dosis, signos de alarma, citas y responsabilidades. La autonomía se construye gradualmente.

El éxito terapéutico no se mide únicamente por supervivencia o control bioquímico. También importa la calidad de vida, la salud mental, la integración escolar, la funcionalidad familiar y la posibilidad de que el niño construya un proyecto de vida más allá de su diagnóstico.

¿Como aplicarlo en la clínica?

  • Es importante valorar la carga emocional y económica de la familia.
  • Verificar que el paciente y sus cuidadores entiendan el diagnóstico.
  • Podemos anticipar problemas de adherencia durante la adolescencia.
  • Coordinar la atención multidisciplinaria sin fragmentar al paciente.
  • Es necesario iniciar la transición a medicina de adultos de forma progresiva.

Bibliografía: 

  • American Academy of Pediatrics. Home Health Care of Children, Adolescents, and Young Adults With Medical Complexity. Pediatrics. 2025.

Niñez migrante

Es importante entender que la salud infantil no empieza en la sala de exploración. Empieza en el lugar donde el niño duerme, come, juega, estudia, migra, cruza fronteras, espera documentos, enfrenta violencia o pierde redes familiares. La niñez migrante y los niños expuestos a vulnerabilidad social nos recuerdan que muchas enfermedades tienen raíces fuera del cuerpo.

En la consulta, un niño migrante puede llegar por fiebre, tos, diarrea, lesiones en piel o desnutrición. Sin embargo, detrás del motivo de atención pueden existir semanas de trayecto, hacinamiento, exposición a frío o calor extremo, falta de agua, interrupción de tratamientos, esquemas de vacunación incompletos, violencia, abuso, separación familiar o duelo. Si no preguntamos con sensibilidad, esa historia puede permanecer invisible.

Debemos brindar atención clínica rigurosa, pero también segura y digna. Es necesario revisar vacunación sin asumir que la cartilla está completa, evaluar crecimiento y nutrición, identificar infecciones según factores de riesgo, explorar salud mental y detectar datos de violencia o abuso. La vulnerabilidad social también debe reconocerse, documentarse y atenderse.

Este abordaje exige cuidado en el lenguaje. Las familias migrantes pueden llegar con miedo, desconfianza o experiencias previas de discriminación. Nuestra consulta debe ser un espacio donde el niño sea visto primero como paciente y como sujeto de derechos, no como una condición administrativa. Ningún estatus migratorio debe limitar el acceso a atención pediátrica digna.

También debemos trabajar en red. Trabajo social, psicología, nutrición, infectología, protección infantil y organizaciones comunitarias pueden ser fundamentales para garantizar continuidad. No siempre podremos resolver todos los determinantes sociales, pero sí podemos identificarlos y activar rutas de apoyo.

La pediatría más humana es aquella que entiende que la enfermedad no ocurre en el vacío. En contextos de migración, violencia y pobreza, nuestra labor va más allá de diagnosticar y prescribir: también implica proteger, orientar y acompañar.

Aplicación en la práctica clínica:

  • Debemos preguntar por país de origen, trayecto migratorio y condiciones actuales de vivienda.
  • Es importante revisar y actualizar esquema de vacunación.
  • Debemos evaluar nutrición, crecimiento, anemia y enfermedades infecciosas según riesgo.
  • Tenemos que buscar datos de violencia, abuso, trata o separación familiar.
  • Podemos canalizar a trabajo social, salud mental y protección infantil cuando sea necesario.
  • Debemos ofrecer atención digna, sin discriminación y centrada en los derechos del niño.

Bibliografía: 

  • Centers for Disease Control and Prevention. Immigrant and Refugee Health. CDC; actualización 2024.
  • Centers for Disease Control and Prevention. Post-Arrival Medical Screening of Newly Arrived Refugees, Immigrants, and Migrants. CDC Yellow Book; 2025.

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