Reto Pediatría
Marcha atópica: de la barrera cutánea al asma bronquial

La marcha atópica ha sido descrita durante décadas como una secuencia clínica reconocible: dermatitis atópica en los primeros años de vida, seguida por otras manifestaciones alérgicas, entre ellas rinitis y asma. Sin embargo, no todos los niños con dermatitis atópica desarrollarán asma, pero la evidencia contemporánea confirma que la piel puede ser el punto de partida de una inflamación sistémica más amplia. 

En este contexto, la dermatitis atópica debe entenderse más allá del eccema y el prurito. Se trata de una enfermedad de barrera, en la que la alteración del estrato córneo favorece la pérdida transepidérmica de agua, la entrada de alérgenos y la activación de respuestas inmunológicas tipo 2. Así, la piel deja de ser solo un órgano afectado y se convierte en una interfaz inmunológica clave en la historia natural de la enfermedad atópica. 

Por ello, el cuidado cutáneo ocupa un lugar central. Las guías recientes mantienen a los emolientes, la reducción de irritantes y el tratamiento antiinflamatorio oportuno como pilares del manejo de la dermatitis atópica. No se trata de medidas extremas ni cosméticas, sino de intervenciones con fundamento fisiopatológico que buscan restaurar la barrera y mejorar la calidad de vida. 

Aunque resulta biológicamente plausible que restaurar la barrera cutánea tempranamente pudiera modificar la evolución del fenotipo atópico, la evidencia disponible no demuestra de manera concluyente que el uso aislado de emolientes prevenga la progresión hacia asma bronquial. El mensaje, por tanto, no debe ser que el cuidado de la piel evitará la marcha atópica, sino que el adecuado control de la dermatitis atópica forma parte de un manejo integral que podría influir favorablemente en el curso de la enfermedad. 

En paralelo, terapias biologicas dirigidas como el dupilumab han abierto una discusión relevante. Datos observacionales recientes en población pediátrica sugieren una asociación entre su uso y menor progresión de la marcha atópica frente a terapias convencionales, aunque estos hallazgos todavía deben interpretarse con reserva. 

La enseñanza clínica y el mensaje a llevar a casa es: en la dermatitis atópica, cuidar la piel sigue siendo el primer paso, pero no el único. El reto actual consiste en reconocer tempranamente a los pacientes con mayor riesgo, tratarlos de forma oportuna y vigilar su evolución más allá de la superficie cutánea. La marcha atópica no es una condena inevitable, pero tampoco un concepto obsoleto. Es, más bien, una trayectoria potencialmente modificable que comienza, muchas veces, en la piel. 

¿Qué puedo integrar en mi práctica clínica? 

  • En pacientes con dermatitis atópica, debe investigarse de forma sistemática la presencia de síntomas respiratorios.
  • El cuidado de la barrera cutánea debe mantenerse de manera continua, no únicamente durante las exacerbaciones.
  • Ante respuesta terapéutica subóptima, es indispensable revisar adherencia, técnica de aplicación y exposición a irritantes.
  • Los pacientes con enfermedad moderada o grave requieren vigilancia más estrecha por su mayor riesgo de progresión atópica.

Bibliografía: 

  • Silverberg JI, Weidinger S, Cork MJ, et al. Atopic dermatitis. Lancet. 2025. 
  • Chu DK, Schneider L, Asiniwasis RN, et al. Atopic dermatitis eczema guidelines: 2023 American Academy of Allergy, Asthma and Immunology/American College of Allergy, Asthma and Immunology Joint Task Force on Practice Parameters GRADE- and Institute of Medicine-based recommendations. Ann Allergy Asthma Immunol. 2024. 
  • Lin TL, et al. Reduced atopic march risk in pediatric atopic dermatitis patients prescribed dupilumab versus conventional therapies. J Am Acad Dermatol. 2024. 
  • Tsai SYC, et al. Evaluation of dupilumab on the disease burden in pediatric atopic dermatitis. 2024.

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